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Santiago Roldán Zuluaga | 16 diciembre, 2019

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El poder del Big Data

Datos, información, conocimiento, visualización, clustering, grafos, bases de datos, cloud computing, inteligencia de negocios, inteligencia de mercados, redes sociales, internet de las cosas, redes de telecomunicación, georeferenciación, marketing digital, perfilamiento… bienvenidos al mundo del Big Data.

Big Data es ya un término habitual en el entorno de las organizaciones. Las grandes empresas hacen inversiones e increibles esfuerzos para encontrar las diversas formas de aprovechar la creciente cantidad de datos que generan a diario sus clientes, proveedores, empleados, competidores, grupos de interés, organismos de gobierno. Las pymes, por su parte, no dejan de idear aplicaciones que exploren este océano de información. Entre tanto, decenas de expertos en el tema interfieren en las agendas de los gerentes corporativos  tratándoles de persuadir sobre  la importancia de saber analizar y explotar el big data y como puede ser la diferenciación para el desarrollo de procesos de innovación y desarrollo de las organizaciones.

El término también ha sido relacionado como una fuerza transformadora de la sociedad en ese ánimo de poder monitorearla incluso invadiendo la privacidad de los usuarios. Esta estigmatización no es lejana en su utilización por parte de empresas y gobiernos destinados en perfilar a los usuarios para inferir escenarios de comportamiento en términos de prevención, orientación y predicción.

Por ejemplo, Amazon es capaz de predecir qué producto quieren comprar sus clientes gracias al estudio de su comportamiento y lo recomiendan. Lo mismo pasa con Netflix. Como usuario, si la recomendación es positiva, en adelante se aumentará la confianza por parte de los usuarios.

Lo cierto es que el Big Data hace parte de la estrategia empresarial. Nada ni nadie esta desligado a la era de la digitalización. Los distintos sectores productivos, industriales, tecnológicos y comerciales están en diferentes estadios de la transformación. Algunas industrias, principalmente las vinculadas con las tecnologías de información y comunicación, optaron por digitalizarse de forma muy temprana; otras son más lentas, y otra de manera acelerada y dramática como los medios de comunicación. La escalada tecnológica no se puede parar. Y Big Data definirá ese rumbo en las próximas décadas.

En este escenario, se interviene la automatización, como parte del desarrollo de las organizaciones, esto significará, posiblemente, que exista la destrucción del empleo, o desde otro punto de vista la profesionalización del siglo 22 para la raza humana y los robots. Pronto no harán falta algunas profesiones para el sector salud como los radiólogos, debido a que ya prevalecerá la existencia de programas informáticos capaces de hacer una lectura bastante precisa de las radiografías. Lo  mismo ocurrirá con los contadores y abogados, cuyo trabajos puede que sean reemplazados por  algoritmos. Si las máquinas pueden hacer más trabajos, eso significará más productividad, lo que conllevará más eficiencia.

Pero no todo es oscuro en la era del Big Data, el lado positivo es que las empresas ahora saben mucho más de los consumidores gracias a la información que estos generan con el uso de internet, las redes sociales a través de de sus móviles. El negativo es que, si bien, el consumidor esta bombardeado con grandes cantidades de información; el desafío para las empresas será el cómo captar la atención del consumidor aumentando la relevancia de las estrategias de mercadeo focalizadas y personalizadas. Para ello, es necesario regresar a los orígenes esenciales de la publicidad. Las compañías deben resolver cómo hacer que sus anuncios sean útiles.

La cuestión sobre todo este temas es si las organizaciones están almacenando los datos correctos y cómo los procesan. Algunas compañías lo han hecho bien porque han usado el big data para solucionar problemas, pero implementar esta estrategia no es fácil.

Entender la estrategia Big Data es apropiar conceptos de: Volumen de los Datos, entendida como la cantidad de los datos que se almacenan y dispuestos para analizar. La Velocidad de los Datos, entendido como el tiempo de procesamiento de la información convirtiéndose  un factor fundamental para que dicho tratamiento aporte ventajas que marquen la diferencia. La Veracidad de los Datos, entendida en cómo esos datos son limpios y puros y que en el momento del análisis reflejen en cierto modo un patrón constante y lógico. La Variedad de los datos, entendido desde un nivel de complejidad superior, la mayoría de ocasiones, relacionándolos hacia datos estructurados y que no siempre es sencillo incorporar grandes volúmenes a una base de datos relacional. Infinidad de tipos de datos están dispuestos a ser tratados y es por ello que frente a esa variedad aumenta el grado de complejidad tanto en el almacenamiento como en su análisis. Finalmente, el Valor de los Datos, sin duda el aspecto más relevante del Big Data. Es muy costoso poner en práctica las infraestructuras tecnológicas para almacenar estos volúmenes de datos, y por ende, las empresas van a necesitar un alto ROI para rentabilizar su gasto.

 

 

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